El tercer aspecto a considerar en la valoración de un diamante es su pureza. Como una de las gemas más preciadas del mundo, su pureza es cualidad esencial. La pureza de un diamante hace referencia a la presencia o ausencia de pequeñas cantidades de defectos o impurezas, ya sea marcas externas o inclusiones, que afectan a su brillo y transparencia.

Los diamantes naturales se forman en unas condiciones de presión y temperatura extremas. Por eso, los diamantes con muy pocas inclusiones o con ausencia de ellas son muy raros. Las inclusiones o impurezas pueden adoptar muy diversas formas: nubes, motas, cristales o hilos son las más frecuentes, y pueden apreciarse, o no, a simple vista.

 

Grados de pureza en los diamantes

Los expertos determinan el grado de pureza de un diamante a través de la observación de éste con una lupa de 10 aumentos, en condiciones de luz de día o iluminación natural. Si no se descubre defecto alguno, se considera un diamante puro. Es lo que establecen las normas internacionales al respecto.

Para poder clasificar los diamantes según su grado de pureza, existe una escala internacional creada por el GIA (Gemological Institute of America) que marca los baremos. Son once niveles que comienzan en el más puro, el FL o flawless (carente de impurezas), y terminan en el I3 o P3, grado en el que se aprecian inclusiones a simple vista.

Así, el valor del diamante también se determina en función de la cantidad, el tamaño y la posición de sus impurezas.

  • IF-FL: Internally flawless (sin inclusiones internas)
  • VVS1: Very very small (inclusiones diminutas)
  • VVS2
  • VS1: Very small (inclusiones muy pequeñas)
  • VS2
  • SI1: Small inclusion (inclusiones pequeñas)
  • SI2
  • P-I1: Piqué (inclusiones grandes o apreciables)
  • I2 – I3